

La bella rumiante
La otra noche miré el reloj. Eran las cuatro y algo. Sentía que llevaba horas sin pegar un ojo, aunque probablemente algo había dormido. O no. Imposible saberlo. Lo único seguro era que estaba ahí, dando vueltas en la cama como un pollo al spiedo. Me acomodé para un lado, para el otro, cambié la almohada de posición, respiré profundo, fui al baño, tomé agua, revisé el celular aunque sé que es pésima idea. Y entonces empecé a pensar y pensar. Hay una hora de la madrugada en la
hace 3 horas3 min de lectura


Personas en borrador
—Tenemos que tomarnos un café o unos mates. —Sí, estaría buenísimo, pero mejor una cerveza. Este diálogo, basado en hechos absolutamente reales, es de los más hipócritas de la vida adulta, sin temor a exagerar. Y no es que falten las ganas. Las ganas, muchas veces, están. Lo que falta es la concreción. La escena podría ser en un cumpleaños: te cruzás con alguien que hace tiempo no ves, charlas cinco minutos y aparece el “Che, tendríamos que ponernos al día”. O en Instagram: u
11 ago3 min de lectura


El cerquito de bambú
Llegué a mi casa apurada porque tenía una reunión. Cuando iba a entrar el auto al garaje, había otro estacionado justo en la entrada. El cuidacoches me dijo: “Salió una señora, pero dice que ya viene”. Diez minutos después seguía sin aparecer. Terminé dejando el coche a dos cuadras. Cuando volví caminando, se estaba subiendo al suyo. Le golpeé el vidrio y me espetó: “me vas a matar de un infarto”. Le respondí que llevaba quince minutos sin poder entrar a mi casa. “Estás exage
22 jul3 min de lectura


Desde lejos (y cerca) no se ve
Llegó otro Mundial. Pasaron apenas cuatro años. Nos reunimos frente a la pantalla para hacer lo mismo de siempre: pasar de “nos volvemos en primera ronda” a “podemos dar una sorpresa”. Hay picada, banderas y adolescentes que opinan con una seguridad admirable. Empieza el partido. Yo veo once manchas celestes corriendo detrás de algo que supongo que es una pelota. Cambio de lugar. Me acomodo. Vuelvo a mirar. “Che, ¿no se ve medio mal?”, pregunto. “Se ve perfecto”, responde mi
18 jun3 min de lectura


Ensayo general
Diez grados, humedad mil por ciento, mi hija quiere salir a la calle con el pelo chorreando agua como si acabara de cruzar el Río de la Plata a nado. "Sécate el pelo que te vas a agarrar una neumonía", le estampo apenas la veo. En mi mente, el pelo mojado hace un recorrido veloz: fiebre, antibióticos, complicaciones y, con un poco de mala suerte, internación. No es que venga del futuro. Es que tengo un doctorado honoris causa en preocuparme por adelantado. Un ruido en la mita
2 jun2 min de lectura


Tampoco es para tanto
Acabo de volver de Buenos Aires. Estuve en un evento que mezcla academia, periodismo y arte (me hago la copadita). Al final de una charla me acerqué a la conductora del panel y la felicité porque fue muy ocurrente. Y ella, sin pestañear, sin el reflejo de bajar la cabeza, me dijo: "¿Viste? Le puse toda la onda", lo que me descolocó lo suficiente como para seguirle el tono y decirle que debería tener un late night show. Me quedé pensando en esto en el barco de vuelta. En lo po
19 may3 min de lectura


“Lo que quieras”
Hay tres palabras juntas que odio. No son "tenemos que hablar" , aunque esas también. Son "lo que quieras" . La escena sería así: -¿Qué vamos a comer? -¿A vos qué te gustaría? -No sé, lo que quieras Suenan a generosidad. Suenan a alguien que fluye. Y sin embargo, detrás de esas tres míseras palabras hay una decisión que acaba de volverse mía. Como les contaba en mi excelente columna pasada, tengo demasiadas ventanas abiertas. Hoy, por ejemplo, ya decidí qué desayunar, qué pon
21 abr3 min de lectura


