

"República independiente de las canas"
Un día te despertás, te cepillás los dientes, te lavás los ojos, te ponés los lentes para verte al espejo, levantás la mirada y ahí están, ahí están, las canas de allá atrás. Esos malditos pelos blancos y rebeldes que brotan de tu cabeza como antenas. Esos cables con vida propia que te conectan con una nueva realidad: sos una señora adulta. Hay que aceptarse como una es, sí, claro, muy bien, aplausos. Pero antes hay que entender algo concreto: las canas son pelos indomables.
hace 4 días3 Min. de lectura


"¿A vos te contestó?"
Un conocido me escribe para saber qué facultad de comunicación le recomiendo a su hija. Me dice que quiere “ tener toda la información sobre la mesa para tomar la decisión ”, una frase que suena a gerente de multinacional y que, traducida, significa: no sé ni por dónde empezar. Escribo pros y contras de cada institución. Privada, pública, orientaciones, salidas laborales. Lo envío. Cri, cri, cri. Silencio digital. Tal vez lo secuestró un ovni o su hija decidió estudiar cerámi
13 mar3 Min. de lectura


"Me autopercibo con razón"
Hay gente que se autopercibe perro. Yo, en cambio, me autopercibo con razón. No lo digo desde la soberbia -porque también me considero humilde, obvio-, sino desde una convicción íntima: suelo ser sensata, lúcida y bastante justa. Y, si no lo soy, tengo una solución: me construyo un relato a medida que me deje bien parada. Cuando fumaba decía: “de algo me voy a morir” . Ahora que no fumo, sostengo que inhalar humo es absurdo. Cuando trabajaba sin parar repetía que el trab
26 feb3 Min. de lectura


"Quince días después, necesito vacaciones otra vez"
Un día estoy eligiendo qué bikini llevarme y, al siguiente, estoy acomodando la ropa otra vez en los estantes, preguntándome: ¿en qué momento se terminó todo? y, de paso, ¿comemos fideos o arroz? Las vacaciones nunca alcanzan. Nunca, salvo cuando tenía hijos chicos y deseaba volver a la oficina. Maldita sea, le puse tantas fichas a esos quince días y la arena y el sol y el mar azul se escurrieron entre mis dedos. No sólo cargué la quincena de expectativas, sino que el síndrom
11 feb3 Min. de lectura


