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Cerebro frito

  • elisalieber4
  • 26 mar
  • 3 Min. de lectura
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Por Elisa Lieber, periodista uruguaya


No hay nada como el primer sorbo del mate para despertar las neuronas un lunes a primera hora. Estoy lista para empezar a trabajar. Abro la computadora y me pongo a teclear. Veo su silueta de reojo. Me seduce. Me pide que le preste atención, que lo toque un ratito más ahora que ya no estamos en la cama, que bucee en él. No, me repito: soy una mujer libre y empoderada (que palabra odiosa), no voy a caer en su trampa otra vez. Desde que apareció en mi vida, hace muchos años, estoy demasiado pendiente de sus respuestas y corazones. Inhalo y exhalo. Lo vuelvo a mirar. Un cosquilleo interno recorre mi cuerpo. No aguanto más, me abalanzo y lo toco. He caído en sus redes una vez más. Lo admito: tengo una relación tóxica con mi celular. 



Hola, me llamo Elisa y hace cinco minutos que no consulto mi celular. Tengo nomofobia, un término que viene del inglés “no mobile phone phobia”, el miedo o la ansiedad por no usarlo. Les voy a hacer un test para ver si ustedes también son adictas:


  1. ¿Lo usan en situaciones inapropiadas como una cena con amigas, una reunión de trabajo, mientras manejan, miran una película, hacen un curso, leen un libro o, incluso, cuando se despiertan de noche para ir al baño?

  2. ¿Cuando alguien les dice que dejen el celular, contestan que están mirando algo importante o que es un segundito nomás?

  3. ¿Se sienten ansiosas si está en otra habitación o se quedan sin batería?

  4. ¿Lo revisan antes de dormirse y apenas se despiertan (y, como yo, no logran ver nada hasta ponerse los lentes)?

  5. ¿Siempre tienen que tenerlo a un brazo de distancia?

  6. ¿Pagan por wi-fi en el ómnibus, el barco o el avión (que hasta hace poco era el único transporte libre de conexión)? 

  7. ¿Cuando salen de su clase de yoga, terapia o gimnasia, lo primero que hacen es chequearlo?

  8. ¿Ignoran a las personas físicamente para prestarle atención a su móvil (le digo así para mi público español)?


Lamento comunicarles que si contestaron una sola respuesta positiva, he de darles la bienvenida al grupo de Adictos Anónimos al Celular. Y, como habrán de suponer, este grupo tiene más lista de espera que un gimnasio después de las vacaciones. Uno de cada tres usuarios de celulares tiene un alto riesgo de sufrir una adicción grave, según una investigación publicada en 2023 por la International Journal of Mental Health and Addiction, con una muestra de 50.000 personas en todo el mundo. De acuerdo al estudio, las mujeres sufrimos un uso más problemático que los hombres. Según conjeturan los expertos, esto se debería a que lo utilizamos para relacionarnos más con nuestras amigas/familias y estamos más pendientes de atender las inquietudes y cuidados de quienes nos rodean.


Pero no os preocupéis, estamos a pocos pasos de curarnos. Tengo una serie de recomendaciones que no les van a fallar: 




  1. Fijarse controles de horarios para uso del móvil.

  2. Desactivar notificaciones.

  3. Dejar el celular fuera del cuarto durante la noche.

  4. Desinstalar algunas redes sociales, como Facebook, X, Instagram o Tik-Tok.

  5. Sacarle los colores a la pantalla y bajarle el brillo.


Estos consejos (o mini-engaños) me recuerdan a los que te hacen los buena onda (ingenuos) cuando intentas dejar el cigarrillo: fumate uno solo que no pasa nada, después te volvés a controlar. Fumo uno hoy, otro mañana y en 15 días volví a fumar una caja. 


Por supuesto que son bienvenidas las regulaciones impuestas en algunos países que permiten la desconexión   -como la prohibición de uso de celulares en centros educativos o de contestar mensajes fuera del horario de trabajo-,  pero tener la oportunidad de desconectar no implica lograrlo: la ansiedad por estar al tanto de todo y/o contestar en tiempo y forma está apoderándose de mi persona.


La utilización excesiva del celular aumenta desde 2014, con un pico en 2020 por la pandemia de la COVID-19, aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) aún no la califica como una adicción, a diferencia de los videojuegos. Los especialistas explican una y otra vez que las redes sociales nos hacen producir dopamina  -un neurotransmisor relacionado al placer-, que nos genera un vicio mayor que las noticias de Wanda e Icardi. En mi caso, no necesito que una agencia o especialista me diagnostiquen para darme cuenta que tengo una relación patética, tóxica, paranoica. 


Tengo el cerebro frito. Es hora de tomar una decisión radical: la abstinencia total. Adiós celular inteligente. Bienvenido al viejo Nokia 1100 que solo sirve para recibir mensajes y llamadas. Si quieren comunicarse conmigo, ya saben a dónde llamarme y, si no, denme unos minutitos y les contesto por whatsapp. Y no se olviden de darle like y compartir esta columna. 


 
 
 

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