top of page
Buscar

"Lo que salva es la amistad"

  • elisalieber4
  • 18 dic 2025
  • 3 Min. de lectura

Una vez un conocido  -cuyo nombre no vale la pena recordar-  me preguntó quiénes eran mis amigos. Empecé a responder con total naturalidad: son del liceo, la facultad, el trabajo y algún ejemplar suelto de la vida adulta, hasta que me interrumpió con un “no, no, ¿quiénes son tus amigos conocidos?”. Tardé unos segundos en entender la pregunta: para él, la amistad era casi una categoría con valor de exhibición, un reparto de nombres útiles para impresionar. 


Si leyeron mis excelentes columnas anteriores, saben que tengo la dudosa habilidad de ensayar respuestas que nunca jamás diré. Hoy le contestaría que mis amigas no calificaron por conveniencia ni por “potencial”. Entraron porque sí. Y se quedaron por algo todavía más misterioso: después de verme con remeras de pijama indignas, con crisis existenciales y con el pelo como antenas, siguieron ahí.


Mis amigas son las que me envían promociones de viajes imaginarios. Las que recuerdan la fecha exacta de un estudio médico de mi madre. Las que me dicen, sin anestesia: “Estás medio sorda, hacete ver”. Las que me recomiendan un libro que desordena mis certezas. Las que me señalan con delicadeza que no les cierra algo que dije, no para ganarme, sino para ayudarme a recalcular. Son las que estudian un tutorial para maquillarme antes de un evento y juegan a que tengo la piel sedosa, para levantarme el ánimo. 


Sospecho un poco de la gente que no necesita amigas ni amigos cercanos. No desde el juicio (bueno, un poco sí), sino desde la pura logística emocional: ¿a quién le mandan la selfie antes de comprarse un vestido?, ¿quién se ríe con ustedes hasta hacerse pis?, ¿quién les deja pan casero en la puerta?, ¿quién baila como si no hubiera mañana y se queda cuando todo se viene abajo? ¿A quién le escriben cuando algo se rompe o cuando pasa algo tan bueno que no les entra en el cuerpo? 


Mi esposo no acredita que cada vez que miro el celular haya un mensaje nuevo de alguna. Y sí: por suerte tengo un plantel amplio y variado. Las que escriben “hoy es un hermoso día para renunciar”, las que me informan, de la nada, “acabo de clavarme un pan con grasa memorable”, y las que largan “no quiero jugar más a ser grande”. Hay algo mágico en el modo en que se construyen esos vínculos. No hay contrato, no hay ceremonia. Hay charlas, desacuerdos, chistes internos que nadie entiende, silencios cómodos, fotos ridículas, audios eternos. Toda esa acumulación de gestos mínimos, que pueden sonar cursis, pero que en la práctica nos sostienen.


Con el pasar de los años, mis amistades fueron transformándose, volviéndose indispensables, incondicionales. Con algunas amigas puedo decir absolutamente cualquier cosa porque sé que no me van a medir con una regla. Puedo contar algo bueno sin achicarlo. Esas amigas no son objetivas, ni neutrales, ni imparciales: son hinchada oficial de mi vida. Y yo de la de ellas. Y no, no importa si coincidimos en todo. Lo que importa es que estamos para las otras, incluso cuando no sabemos qué decir.


Podría citar varias frases sobre la amistad, pero sigo eligiendo la de Fontanarrosa. Cuando le preguntaron qué quería para su hijo, contestó: “Que los amigos se pongan felices cuando lo vean venir”. Yo quiero eso para mí y para mis hijos: entrar a un lugar y que haya, al menos, una persona que se ilumine un poco al verme, no por mis logros o títulos, sino porque me quieran.


Este año fue, directamente, una mierda para muchas amigas: enfermedades, duelos, crisis, trabajos que se terminaron, parejas que se rompieron, miedos que no sabíamos ni nombrar. Y, sin embargo, fue más llevadero porque nos tuvimos, incluso cuando tardamos 1.500 mensajes de WhatsApp en ponernos de acuerdo para coordinar un encuentro. 


A ustedes, amigas (y también amigos ;), salud. Gracias por existir, por insistir, por aparecer con una baguette con salame. Gracias por hacer mi vida muchísimo mejor sin prometerme nada, salvo su presencia. ¡Feliz 2026: la revolución es el cariño!

 
 
 

Comentarios


Envíame un mensaje y dime lo que piensas

¡Gracias por tu mensaje!

© 2035 Creado por Tren de ideas con Wix.com

bottom of page