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Opinemos sobre nuestros cuerpos

  • elisalieber4
  • 26 mar
  • 4 Min. de lectura
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Por Elisa Lieber, periodista uruguaya


Además de una serie de fotos muy originales de atardeceres, las vacaciones me dejaron unas marcas de las costuras del jean incrustadas en las nalgas. Fue al llegar a la ciudad, abandonar los vestidos de playa e intentar encajar en un pantalón, cuando noté que la canilla libre de asaditos, panificados y alcoholes había hecho estragos que hoy se reflejan en el espejo de atrás del placard (¿vieron que en las casas de veraneo solo hay espejos pequeños y mal iluminados en el baño?). Ya sé que hay que darse los gustos en vida; que el verano está para eso. Obviamente, me acepto y me quiero como soy. Y, por sobre todo, sé que es políticamente incorrecto hablar sobre este tema. Pero hoy voy a hablar sobre cuerpos, del propio y los ajenos.


Durante las últimas semanas me deleité mirando la orilla del mar, una especie de desfile de modas con un menú muy variado de cuerpos: el señor con panza dura gracias a la acumulación de cerveza y achuras; la mujer heladera sin un mínimo rastro de cintura; el culo con forma de pera y agujeros de lombriz; el fisiculturista de brazos torneados extra largos; un par de glúteos firmes como el acero de un Stanley; las tetas limón que no revelan si son naturales u operadas; la señora anaranjada asoleada con aceite de coco; el extranjero blanco papa con alerta de “hoy de noche serás un tomate”; la panza-masa plegada sobre el short que impide verse los genitales; los cuerpos jarrón, espagueti, globo, pirámide, reloj de arena. Perdón, me fui al carajo, no miramos y, menos aún, opinamos sobre cuerpos ajenos; mal yo. 


ChatGPT me lo explicó claramente cuando estaba buscando formas de cuerpo: “las metáforas con objetos nos permiten visualizar las formas de cuerpo y pueden ayudar a desmitificar las diversas siluetas humanas. Pero más allá de cualquier clasificación, es importante recordar que todas las formas son igualmente válidas y hermosas. La verdadera belleza está en la individualidad de cada cuerpo y la confianza que cada uno de nosotros tiene en su propia piel”.


Gracias ChatGPT, sos re amoroso por recordarnos que todas las formas son igualmente válidas y hermosas. No opinamos, no juzgamos, nos hacemos bien las idiotas. 


Ya no corren más los epítetos de las tías abuelas que nos daban la bienvenida con un dardo en la frente: estás menudita, repuestita, demacrada, más gorda, más flaca, venida a menos. O los comentarios siempre estimulantes de las madres después de escanearnos de pies a cabeza: se te ven las canas desde el Palacio Salvo; se te están cayendo los cachetes más que al perro bulldog del vecino; con ese jean pareces Jennifer López después del terremoto. Basta, se acabó, por suerte evolucionamos.


No opinamos, pero hacemos dietas proteicas, keto, detox, ayuno intermitente. Tomamos chía cups, magnesio, colágeno y fósforo para mantenernos jóvenes. Suprimimos los dulces, harinas, legumbres y hasta frutas (danger: algunas tienen mucha azúcar). Desayunamos jugos de pepino, espinaca y manzana verde. Hacemos crossfit, gimnasia con electrodos, un reto de calistenia de 28 días (ni idea qué es, así que no lo aconsejo, pero Instagram lo super sugiere). Nos ponemos botox, ácido hialurónico y plasma de canguro. Ojo, todo esto lo hacemos porque queremos ser saludables y sentirnos mejor. Y eso está muy bien. Además, lo recomiendan los médicos y coaches nutricionales (¿ya no hay más nutricionistas?). 


Y aunque está prohibido opinar sobre cuerpos propios y ajenos, parecería que no soy la única que lo hace. 


  • Un amigo me alerta que ese bocado que estoy comiendo estará un segundo en mi boca y una década en mis caderas.

  • Una compañera de trabajo se enoja porque las gordas orgullosas discriminan a las flacas saludables.

  • Una amiga no quiere salir en redes sociales porque le da vergüenza que se le vean las caderas.

  • Una prima está muy preocupada por la salud de un conocido que está pasado de peso y “hay que hacerlo recapacitar ya”.

  • Un conocido dice que después de varios años de terapia, logró aceptarse y se dio cuenta que se puede ser feliz y gordo al mismo tiempo.

  • Una sobrina quiere agarrarse un virus o bacteria para adelgazar.


Nahhh, no opinamos, no nos importan nuestros cuerpos, pero según un estudio realizado en 2024 por Dove a 33.000 personas en 20 países sobre las presiones que enfrentan las mujeres en cuanto a la belleza, 1 de cada 3 sienten presión por alterar su apariencia y 2 de cada 5 renunciarían a un año de su vida para alcanzar sus ideales de belleza (spoiler alert: después de un año, volverás a ser la misma de antes).


No hablamos sobre cuerpos, pero nos juzgamos frente al espejo o las redes sociales y, sobre todo, nos frustramos porque es misión imposible, interminable e inalcanzable ser flaca, firme y lisa en un mundo con envases hechos de origen tan diferentes y con usos tan diversos como los que ví en la playa este verano.


Sólo hay una cosa de la que estoy segura, en tu velorio nadie va a elogiarte así: “era tan flaca, no tenía ni una arruga”. Así que opinemos sobre nuestra opinión de nuestros cuerpos. Veamos qué aporta, qué es crueldad, qué es salud y qué es obsesión. Veamos qué genera esta rosca en nosotras mismas y en las demás. Pero, vos, flaca de nacimiento, vos no opines.




 
 
 

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