Salí de tu zona de confort: crónica de un exilio
- elisalieber4
- 1 abr
- 3 Min. de lectura

Por Elisa Lieber, periodista uruguaya
Salí de tu zona de confort, me dije. Y como quería trabajar para vivir y no vivir para trabajar, me empoderé fuerte y renuncié a mi puesto de los últimos diez años. Saqué un pasaje en seis cuotas sin intereses para irme a una playa desierta a escribir un libro. Me atreví a pensar fuera de la caja o, mejor dicho, think outside the box (suena tanto mejor en inglés), y volé alto, vibré altísimo, con destino al norte de Brasil. Porque ser feliz es un acto de rebeldía. Y por eso, en cada zambullida en las aguas turquesas, agradecí ser feliz con tan poco. Estoy donde quiero estar. Noooo, freno de mano en seco, estoy totalmente mareada (y un poco frustrada) con tantas frases hechas para historias de Instagram. No tengo idea qué hacer.
¿Quién me mandó salir de mi zona de confort? ¿Hay alguna autoridad internacional del disconfort que evalúa si estamos demasiado tranquilos? ¿Te mandan una multa si un miércoles de noche estás viendo una serie romántica con una manta y no replanteándote la existencia? ¿Si trabajo en lo que me gusta, no tendré que trabajar nunca más en mi vida? ¿Y qué pasa si no sé donde está la felicidad (pero la voy a encontrar…)?
El problema no es renunciar. Ni viajar. Ni querer explorar alternativas. El problema es que todo eso venga acompañado de frases diseñadas para ser una persona que tiene muy claro lo que quiere, como si la felicidad fuera una receta de cocina o una lista de pasos a seguir: empoderate + vibrá alto + honrá a tu niña interior = tendrás la vida de tus sueños.
Los gurús de la autoayuda en redes nos dicen tanto. Si no duele, no transforma. Si no cuesta, no cuenta. Si no hay miedo, no tiene sentido. Si querés crecer, tenés que incomodarte. Nos repiten que querer es poder, que ser feliz es una elección, que hay que ser resiliente (nunca entendí lo que quiere decir). Y estas semillas van germinando en tu cerebro. Empezás a pensar que si no estás logrando la vida que deseás es porque estás fallando. Entonces soñás con un trabajo con propósito, con buen sueldo y tiempo para meditar al atardecer. Como si todo dependiera de la voluntad, como si el contexto no existiera, como si no tuvieras responsabilidades, tristezas, hijos, padres, deudas y dudas. Entonces te llenas de mandatos disfrazados de inspiración. Y te escapas y corres como un hámster motivado, sin tener idea a dónde ir.
Para peor, esas frases inspiradoras vienen sin manual de instrucciones. Antes de seguir, necesito que alguien me explique qué fucking es salir de tu zona de confort o pensar fuera de la caja.
¿Es cambiar de profesión a los 45 años?
¿Es mudarte a una casa sin calefacción?
¿Subir el Everest?
¿Hacer biodecodificación?
¿Tener una relación abierta?
¿Dejar el azúcar?
¿Subir una selfie sin filtro?
¿Cabalgar desnuda por la playa?
Shhh, silencio, estoy aturdida con tantos desafíos y auto-exigencias como si estuviera en un casting de superación personal permanente. Más, siempre más, siempre algo diferente. Maldito capitalismo mental. ¿Por qué conformarme con lo que hay, cuando me enseñaron que siempre hay algo mejor por alcanzar? Tampoco se trata de quedarme paralizada en el mismo lugar, ni quedarme tranquila mientras los demás se hunden. Es entender que el cambio no llega con un posteo. La transformación no tiene fórmulas rápidas ni cómodas, y lo que nos han dicho como 'la solución' suele ser solo un espejismo que disfraza el esfuerzo detrás de la inmediatez.
En una sociedad obsesionada con el éxito, donde hay que desafiarse a cada paso, tal vez salir de tu zona de confort o pensar fuera de la caja sea simplemente ir más lento, respirar un rato. Quizá es empezar por valorar lo que tenés, sin pedirle épica. Quizá es disfrutar de cada atardecer como si fuese el último. Quizá es pensar que este puede ser el primer día del resto de nuestras vidas. Quizá es entender que la felicidad está en las pequeñas cosas. Quizá es comerte una baguette rellena de salame y queso. Obviamente, la tengo clarísima, soy todo lo que está bien. Sale remera con esa frase.




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